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martes, 25 de febrero de 2014

Lagoa.


No sé exactamente que tienen los road trips que me gustan tanto. Es pasar unas horas acompañada de personas a las que quieres mucho mientras escuchas música y esperas a que avance una fila de autos que se acumulan por la construcción de un puente un poco más adelante.

También es saber que llegarás a un nuevo lugar, a un lugar que no conoces y que las fotos no te explican más. Es saber que llegarás a deshacer esa maleta que tiene más bikinis que ropa interior y que no utilizarás botas o tacones por dos días. Es saber que tienes dos mil seiscientos pesos de súper y cuatro botellas de alcohol en la cajuela de tu coche y que por alguna razón no puedes esperar a llegar.

Estos viajes fugaces me han enseñado que no hay algo mejor que dejar los ensayos, proyectos, calificaciones y demás responsabilidades por unos días y reemplazarlos por marometas en el pasto y toboganes que llegan a una alberca.

No sé ni cómo llegué a la vida de estas personas, ni cómo llegaron a mi camino. Supongo que fue alguna de esas teorías de las vidas pasadas donde uno elige con quién vivir la siguiente. Estas personas fueron muy buenas conmigo en las anteriores como para que estén viviendo esto conmigo y honestamente, no me da miedo irme de aquí si sé que estarán en la vida que viene.

Últimamente me he dedicado a llenar de positivismo mi vida. No dejo que comentarios agresivos me afecten, o que me deje lastimar por cosas simples y errores que no son más que malas decisiones.   Y sorprendentemente, me he visto beneficiada de todos esos cambios chiquitos que hago día a día. 

No soy la persona perfecta, y de hecho estoy muy lejos de serlo. Lo único que quiero es darle la mejor versión de mí a estas personas que están conmigo en todo momento.































 











jueves, 9 de enero de 2014

Cuenta regresiva.


Qué extraño. 

Me resulta extremadamente fascinante que todo puede cambiar en cuestión de segundos. El surgimiento de una idea, un movimiento o un gesto que indique un sentimiento puede cambiar el rumbo de una situación. A veces pienso que pasa lo mismo con los años. Cuentas en forma regresiva mientras te atragantas con semillas... y adiós. A empezar de nuevo.

Si todo sale bien, siempre tendrás esa oportunidad de reflexionar y aceptar. Y es ahí donde me doy cuenta de que así como es una cuenta regresiva en un día especial, siempre se puede empezar de nuevo. No tiene que ser un 31 de Diciembre para aceptar errores o pedir perdón. Todos los días pueden ser como el primer día de un nuevo año.

Una vez mi mamá me dijo que no importa cuánto tiempo convivas con una persona, no la conoces tan bien hasta cuando viajan juntos. Soy ese tipo de persona que necesita espacio personal, momentos donde pueda estar sola y pensar en cosas extrañas como siempre lo hago. Sin embargo, cuando me encuentro con personas tan especiales, prefiero emplear ese tiempo en convivir y conocer mientras observo.

Después de un viaje de doce días en los que hubo desde sol hasta copos de nieve (literal), regreso a mi espacio con muchas cosas nuevas como la importancia de la familia y la paciencia, disfrutar de la tranquilidad y el adaptarse a nuevos entornos, experimentar con nuevas y diferentes formas de ver la vida.

Técnicamente, siempre veía desde una perspectiva 18-135. Y honestamente, había olvidado lo interesante que puede ser el cambiar y aceptar algo nuevo. Mi novio me ha ayudado a eso. Y, técnicamente hablando, me da el macro y el holga que necesitaba. 

Estas fotos son un pedacito de lo que pasamos en estos días.