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lunes, 2 de noviembre de 2015

Día de muertos en Tlaquepaque.

Siempre he pensado que la muerte de alguien nos duele por el simple hecho de que no estará más por aquí. No habrá más desayunos, más salidas al cine, más masa para hornear, más fiestas. No podremos ver esos ojos una vez más, escuchar esa risa o esa voz.

¿Pero no es un poco egoísta? Queremos más de esa persona para nosotros. No importa si está muy enferma, no importa si ya no quiere estar aquí o si es feliz. ¿No es acaso nuestro egoísmo lo que hace difícil el proceso de dejar ir?

Ahora que se acerca mi cumpleaños pienso mucho en eso. Agradezco estar un año más con vida y también pienso en la muerte. Es inevitable, la vida y la muerte coexisten entre sí y uno determina al otro. Amo la vida y cada uno de los detalles en ella. 

Siempre le digo a mis papás que cuando me muera me gustaría que pusieran mis cenizas en una maceta o en un árbol, de esos que parecen robustos y fuertes pero que parte de su belleza es dejar ir las hojas en esta época del año. Le digo que no quisiera que me hicieran funeral porque me hace sentir mal ver triste a la gente que quiero, en especial si es por mi culpa. No están muy de acuerdo conmigo en eso último.

Prefiero que celebremos la vida, mientras dure, como sólo nosotros sabemos hacerlo. Celebremos esos desayunos, esas salidas al cine, esa masa para hornear, esas fiestas, esos ojos, esa risa y esa voz. Celebremos con colores, con música, con comida y con tequila. Hagámoslo mientras la ciencia, un ser superior, el universo y el amor lo permitan.

















martes, 25 de febrero de 2014

Lagoa.


No sé exactamente que tienen los road trips que me gustan tanto. Es pasar unas horas acompañada de personas a las que quieres mucho mientras escuchas música y esperas a que avance una fila de autos que se acumulan por la construcción de un puente un poco más adelante.

También es saber que llegarás a un nuevo lugar, a un lugar que no conoces y que las fotos no te explican más. Es saber que llegarás a deshacer esa maleta que tiene más bikinis que ropa interior y que no utilizarás botas o tacones por dos días. Es saber que tienes dos mil seiscientos pesos de súper y cuatro botellas de alcohol en la cajuela de tu coche y que por alguna razón no puedes esperar a llegar.

Estos viajes fugaces me han enseñado que no hay algo mejor que dejar los ensayos, proyectos, calificaciones y demás responsabilidades por unos días y reemplazarlos por marometas en el pasto y toboganes que llegan a una alberca.

No sé ni cómo llegué a la vida de estas personas, ni cómo llegaron a mi camino. Supongo que fue alguna de esas teorías de las vidas pasadas donde uno elige con quién vivir la siguiente. Estas personas fueron muy buenas conmigo en las anteriores como para que estén viviendo esto conmigo y honestamente, no me da miedo irme de aquí si sé que estarán en la vida que viene.

Últimamente me he dedicado a llenar de positivismo mi vida. No dejo que comentarios agresivos me afecten, o que me deje lastimar por cosas simples y errores que no son más que malas decisiones.   Y sorprendentemente, me he visto beneficiada de todos esos cambios chiquitos que hago día a día. 

No soy la persona perfecta, y de hecho estoy muy lejos de serlo. Lo único que quiero es darle la mejor versión de mí a estas personas que están conmigo en todo momento.