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lunes, 25 de agosto de 2014

Contraste.

Me encuentro en un lugar que tiene neblina y playa al mismo tiempo, en donde predomina el paddleboard y el intercambio de sonrisas a extraños como actividad cotidiana, y en donde el trabajo es atender un negocio de pulseritas en bikini después de surfear por la mañana. Donde al parecer no existe el stress, donde se mezclan las culturas de todos los países y el lenguaje no es una barrera.

Donde se come delicioso en todos lados a los que vas y se encuentran pizzas con chorizo y tocino preparadas por italianos, y un restaurante mexicanísimo lleno de tequila y con el menú en inglés. En vez de beach clubs encuentras casas de campaña en las playas y puedes hospedarte en cuartos de otras personas. Donde no existen cajeros automáticos ni bancos, y no tienes señal en el teléfono. Donde los atardeceres son diferentes cada día pero son igual de impactantes.
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Me cuesta trabajo darme cuenta de que este es mi país, y me entristece pensar que lo conozco mucho menos que muchos extranjeros que están al lado mío. Después de equivocarnos de ruta y preferir manejar por la libre,  descubrimos pueblitos a los que probablemente jamás en la vida hubiera llegado  por cuenta propia. Mal ahí, Ana.

Me relajo al mismo tiempo que me explota la cabeza pensando en tanto. Supongo que así soy. Pienso mucho todo el tiempo y a veces digo - o escribo- poco de eso. Estoy cerca de unos italianos que son los dueños de este este restaurante. Casi no hablan español. Pienso en el coraje que toma dejar tu país con las comodidades que eso conlleva y aventurarte a vivir una nueva vida, donde nadie te conoce, a hacer lo que más te gusta. Después pienso que a veces vivir en tu país no te llena y esas comodidades  que mencioné, tal vez no existan. Sonrío.
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El que nos renta el departamento es dueño de una heladería y una pizzería. Lo vemos poco pero me hace pensar lo mismo que los italianos. Dejar la vida de ciudad y hacer tu vida lejos de todo, fuera de todo. Debe ser divertido empezar de cero, conocerte de nuevo mientras conoces a nuevas personas. Que ironía.

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Me voy de aquí queriendo no irme, queriendo quedarme o queriendo hacer lo mismo en algún otro lugar. Me voy con el extraño sentimiento de nostalgia/felicidad al haber encontrado un nuevo lugar favorito, al que irónicamente amé tanto pero me faltó conocer a fondo. No lo sé, quizá a veces nunca nos vamos realmente. A veces queda poquito de nosotros a cada lugar que vamos. De eso se trata la vida, de llenarte de experiencias nuevas y dejar poquito de ti en cada lugar que existas.












martes, 25 de febrero de 2014

Lagoa.


No sé exactamente que tienen los road trips que me gustan tanto. Es pasar unas horas acompañada de personas a las que quieres mucho mientras escuchas música y esperas a que avance una fila de autos que se acumulan por la construcción de un puente un poco más adelante.

También es saber que llegarás a un nuevo lugar, a un lugar que no conoces y que las fotos no te explican más. Es saber que llegarás a deshacer esa maleta que tiene más bikinis que ropa interior y que no utilizarás botas o tacones por dos días. Es saber que tienes dos mil seiscientos pesos de súper y cuatro botellas de alcohol en la cajuela de tu coche y que por alguna razón no puedes esperar a llegar.

Estos viajes fugaces me han enseñado que no hay algo mejor que dejar los ensayos, proyectos, calificaciones y demás responsabilidades por unos días y reemplazarlos por marometas en el pasto y toboganes que llegan a una alberca.

No sé ni cómo llegué a la vida de estas personas, ni cómo llegaron a mi camino. Supongo que fue alguna de esas teorías de las vidas pasadas donde uno elige con quién vivir la siguiente. Estas personas fueron muy buenas conmigo en las anteriores como para que estén viviendo esto conmigo y honestamente, no me da miedo irme de aquí si sé que estarán en la vida que viene.

Últimamente me he dedicado a llenar de positivismo mi vida. No dejo que comentarios agresivos me afecten, o que me deje lastimar por cosas simples y errores que no son más que malas decisiones.   Y sorprendentemente, me he visto beneficiada de todos esos cambios chiquitos que hago día a día. 

No soy la persona perfecta, y de hecho estoy muy lejos de serlo. Lo único que quiero es darle la mejor versión de mí a estas personas que están conmigo en todo momento.