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martes, 25 de febrero de 2014

Lagoa.


No sé exactamente que tienen los road trips que me gustan tanto. Es pasar unas horas acompañada de personas a las que quieres mucho mientras escuchas música y esperas a que avance una fila de autos que se acumulan por la construcción de un puente un poco más adelante.

También es saber que llegarás a un nuevo lugar, a un lugar que no conoces y que las fotos no te explican más. Es saber que llegarás a deshacer esa maleta que tiene más bikinis que ropa interior y que no utilizarás botas o tacones por dos días. Es saber que tienes dos mil seiscientos pesos de súper y cuatro botellas de alcohol en la cajuela de tu coche y que por alguna razón no puedes esperar a llegar.

Estos viajes fugaces me han enseñado que no hay algo mejor que dejar los ensayos, proyectos, calificaciones y demás responsabilidades por unos días y reemplazarlos por marometas en el pasto y toboganes que llegan a una alberca.

No sé ni cómo llegué a la vida de estas personas, ni cómo llegaron a mi camino. Supongo que fue alguna de esas teorías de las vidas pasadas donde uno elige con quién vivir la siguiente. Estas personas fueron muy buenas conmigo en las anteriores como para que estén viviendo esto conmigo y honestamente, no me da miedo irme de aquí si sé que estarán en la vida que viene.

Últimamente me he dedicado a llenar de positivismo mi vida. No dejo que comentarios agresivos me afecten, o que me deje lastimar por cosas simples y errores que no son más que malas decisiones.   Y sorprendentemente, me he visto beneficiada de todos esos cambios chiquitos que hago día a día. 

No soy la persona perfecta, y de hecho estoy muy lejos de serlo. Lo único que quiero es darle la mejor versión de mí a estas personas que están conmigo en todo momento.































 











martes, 3 de septiembre de 2013

Sunny Days.


Una vez al año, mi familia materna se reúne. Somos tantos y estamos en tantos lugares que necesitamos de alguna fecha en especial para vernos. 
En esta ocasión, la reunión fue en mi casa. Debo decir que soy una persona a la que le cuesta compartir su espacio personal, pero aquí es diferente.
Disfruto cada momento que se presenta. Cada anécdota contada mil veces, el guión que me sé de memoria y las carcajadas que nos provoca escucharla; las desayunos en pijama, los turnos para usar la regadera y la alegría que trae un nuevo integrante a este grupo de personitas increíbles que algún ser superior trajo hasta aquí. Todo se disfruta.
Quién sabe... Tal vez este ser superior del que hablo nos puso en lugares distintos en su Turista Mundial de Mattel precisamente para eso, para que podamos estar agradecidos de los momentos  divertidos que nos tienen que durar un año completo.
Mis abuelos deben estar muy orgullosos.